Obama y la presidencia imperial – Jack Balkin

Obama, presidente de los Estados Unidos

En noviembre de 2008, el jurista norteamericano Jack Balkin, cuestionó la idea de que el mandato del entonces entrante presidente Barack Obama signifique un nuevo rumbo en la política de EEUU.  Aquí, la traducción de dicho artículo. Leed, a ver cómo les suena con respecto a la muerte de Bin Laden y el conflicto en Libia, casi tres años después.

La administración Bush ha trabajado duro para incrementar el poder presidencial. ¿Estará Barack Obama dispuesto a renunciar al mismo?

Por Jack Balkin*

(*Jack Balkin es profesor de leyes en Yale Law School, y director del Proyecto Sociedad de la Información de Yale. Más sobre él en su blog Balkinization.)

Barak Obama entra a la Casa Blanca con más poderes constitucionales y legales que cualquier otro presidente en la historia de los Estados Unidos. Uno de los mayores problemas será resolver qué hará con ellos.

Por siete años, la administración Bush ha intentado incrementar los poderes presidenciales mediante el accionar secreto y unilateral, pasando por alto restricciones estatutarias y del Congreso, esgrimiendo su autoridad constitucional. Pero a pesar de su torpeza, la administración Bush no debilitó materialmente la presidencia norteamericana. Ni cerca de eso. Obama comenzará su mandato con amplios poderes de vigilancia nacional e internacional y aprobación del Congreso para tribunales militares y actuales prácticas de interrogatorio y detención. Él supervisará una nueva burocracia dedicada a la seguridad nacional y los servicios de inteligencia expandidos. Él comandará las fuerzas militares y el más reciente armamento dispuesto alrededor de todo el globo. Y gracias al reciente proyecto de ley para el retiro de tropas, la secretaría del Tesoro de Obama disfrutará de una discrecionalidad enorme para nacionalizar la industria bancaria y reformar el sector financiero.

Más aún, Obama comenzará su primer período con un abrumador apoyo público –sino una adulación rotunda- y un Congreso controlado por miembros de su propio partido. Sin importar cuánto haya el ex presidente dañado el prestigio de sus oficinas, su sucesor será más poderoso e influyente por el simple hecho de no ser Bush.

Muchos de los problemas que Obama enfrentará serán de la talla de la presidencia-en-esteroides que él hereda. Primero se encuentra qué hacer con los detenidos de Guantánamo. Si Obama cierra esa base tan impopular, tendrá que liberar a los detenidos o traerlos a Estados Unidos para someterlos a juicio. Si opta por la segunda opción, tendrá que decidir si utilizará la justicia criminal ordinaria o inventar nuevos tribunales de seguridad nacional para reemplazar a los defectuosos tribunales militares del Congreso aprobados en 2006. Cualquiera de estas soluciones supone problemas tecnológicos y logísticos enormes, y la separación de las cortes de seguridad nacional genera riesgos significativos para las libertades civiles.

Luego, Obama deberá escoger entre rescindir una serie de medidas y disposiciones secretas que autorizaron la detención, vigilancia e interrogatorio por parte de la administración Bush. Las leyes secretas fueron un sello de la era Bush. Por todas las críticas sobre las políticas de la administración Bush que llegaron al público, debe haber incluso otras moralmente y legalmente más problemáticas. Obama enfrentará decisiones difíciles con respecto a cuales disposiciones rescindir y cuales retener.

Renunciar a poderes es más difícil de lo que suena. El fiscal general de Obama tendrá que elaborar nuevos límites y nuevos métodos de responsabilidad. Esto, a su turno, puede invitar a revisar intensamente lo que pasó en el pasado inmediato. Tanto el Congreso como el público pueden exigir que se difunda la información sobre las órdenes secretas y leyes que autorizan la tortura, el espionaje doméstico u otras formas de actividad ilegal. Obama y sus consejeros tendrán que decidir si la prudencia política y la seguridad nacional requieren que ellos oculten los secretitos sucios de la administración anterior.

De hecho, mientras más descubrimos sobre los excesos de la era Bush, más fuerte sonarán los pedidos de investigación y juicio a los funcionarios de dicha administración por violación de las leyes nacionales e internacionales. Esos juicios, merecidos o no, amenazan desviar la agenda del próximo presidente. Los opositores políticos gritarán que la nueva administración está criminalizando la política ordinaria y castigando a los patriotas. La convivencia bipartidaria se dificultará rápidamente, o se tornará imposible. Esto puede tentar a Obama de poner bajo el tapete las maldades pasadas, a la espera de poder reformar el ejecutivo íntegramente en secreto. Pero estas reformas plantean los mismos problemas que las mismas leyes secretas que intentan reemplazar.

Finalmente, a Obama se le han facilitado nuevas herramientas para el Estado Nacional de Vigilancia, continuamente en expansión, que utiliza la recolección, filtrado y análisis de información como métodos clave para el gobierno. La mayoría de los miembros del Congreso no tienen idea alguna de los nuevos poderes que le fueron otorgados al presidente mediante el Acta de Inteligencia para la Vigilancia de Extranjeros de 2008.

La era Bush ha demostrado que el monitoreo por parte del Congreso en lo respectivo a investigaciones de inteligencia es raramente efectivo, y con la nueva revisión judicial ha contribuido significativamente al Acta de Vigilancia, las libertades civiles de los americanos dependerán en mayor medida en cómo la administración Obama implemente esta nueva gama de nuevos poderes que le han sido otorgados. Puede crear una serie de chequeos y balances dentro del ejecutivo para limitar y prevenir el abuso. O puede dar forma a las nuevas instituciones de la misma forma que la administración Bush: maximizar la discreción y evitar la responsabilidad. Queda en manos de la nueva administración el camino a tomar.

Gozando de abundante apoyo público, un Congreso amistoso y una nueva autoridad vasta y garantizada, el próximo presidente tiene el destino del país en sus manos. Como él modere su poder puede ser tan importante como la manera en que haga uso de él.

Original en inglés:

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2008/nov/12/obama-white-house-barackobama

Esta traducción conserva los links de la versión original.

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